“El rezo del
Santo Rosario, con la consideración de los misterios, la repetición del
Padrenuestro y del Avemaría, las alabanzas a la Beatísima Trinidad y la
constante invocación a la Madre de Dios, es un continuo acto de fe, de
esperanza y amor, de adoración y reparación”.
"El
Rosario no se pronuncia sólo con los labios, mascullando una tras otra las
avemarías. (...) Para un cristiano, la oración vocal ha de enraizarse en el
corazón, de modo que, durante el rezo del Rosario, la mente pueda adentrarse en
la contemplación de cada uno de los misterios"
(San
Josemaría Escrivá de Balaguer)